Escuchar artículo

Allí vive Luis Miguel Gianetti, docente jubilado que llegó desde Resistencia para hacer unos cursos y terminó quedándose. Se enamoró del lugar, de sus escuelas, de sus chicos y de una geografía que, según cuenta, lo atrapó para siempre.

 

“Me enamoré del lugar y me quedé”, resume.

 

Desde entonces, su historia quedó ligada a esta parte profunda del Chaco. Enseñó en distintas escuelas, desde los límites del Impenetrable hasta Huichí, en primaria y secundaria. Hoy, además, participa activamente de la comunidad y forma parte del Consorcio Caminero N.º 86 de El Sauzalito, una institución que conoce de cerca las dificultades de mantener transitables los caminos en una región donde la tierra puede convertirse en un verdadero obstáculo.

 

300 KILÓMETROS QUE SE SIENTEN

 

En El Sauzalito, las distancias tienen otra dimensión.

 

Para llegar al primer centro urbano importante hay que atravesar cerca de 300 kilómetros de caminos de tierra. Cuando llueve, la distancia parece multiplicarse.

 

Gianetti explica que en la zona conviven distintos tipos de suelo: el arenoso, el colorado y el negro. Cada uno tiene su comportamiento y sus dificultades. Por eso, cuando llegan determinadas condiciones climáticas, la recomendación es sencilla: no tocar los caminos.

 

Las máquinas del consorcio también sienten el paso del tiempo. Los tractores y las antiguas motoniveladoras necesitan renovación y, mientras se espera la llegada de nuevo equipamiento, el trabajo continúa con el apoyo de Vialidad Provincial y del municipio.

 

Porque aquí mantener un camino abierto no es solamente una cuestión de infraestructura. Es mantener comunicada a una comunidad.

 

Es permitir que llegue una ambulancia. Que entre un camión con alimentos. Que un productor pueda sacar su cosecha. Que una familia pueda llegar hasta Castelli o Miraflores cuando la necesidad obliga.

 

EL RÍO QUE DA Y TAMBIÉN QUITA

 

El Bermejo aparece como una presencia permanente.

 

Hoy puede verse bajo y tranquilo, casi como una invitación a acercarse. Pero quienes viven junto a él saben que esa calma puede cambiar.

 

El río es fuente de agua, de pesca y de producción. Los agricultores aprovechan los llamados “bajos”, terrenos que reciben el agua y que, después de secarse, se convierten en espacios donde se puede sembrar.

 

La relación es profunda: necesitan al río, pero también le temen.

 

Porque cuando crece puede llevarse una cosecha, cortar un camino o modificar por completo el paisaje.

 

Y en el agua también hay peligro. El Bermejo tiene remolinos y pozos que no siempre pueden verse desde la superficie. Gianetti lo dice con claridad: el agua no tiene dueño.

 

Por eso, quienes conocen el río saben que la precaución no es una opción.

 

UN LUGAR PARA DESCUBRIR

 

En La Invernada también aparece otra cara del Impenetrable.

 

El complejo Don Paz, junto al río, ofrece cabañas, quinchos y embarcaciones para quienes llegan buscando pesca, descanso y contacto con la naturaleza.

 

No muy lejos aparecen otros emprendimientos turísticos, como La Angelita y Don Lalo, formando poco a poco una pequeña red de lugares que comienzan a mostrar una posibilidad diferente para esta región.

 

Pesca, naturaleza, gastronomía y tranquilidad se mezclan con una experiencia que difícilmente pueda encontrarse en otro lugar.

 

Porque aquí el silencio también forma parte del paisaje.

 

EL IMPENETRABLE PRODUCE

 

Pero La Invernada no vive solamente del río.

 

En esta zona también están los pequeños productores, la horticultura y cultivos como la sandía, los zapallos y distintas verduras.

 

Gianetti cuenta que durante los últimos años la producción local comenzó a abastecer a buena parte de la propia región.

 

Lo que antes llegaba desde Castelli, ahora puede producirse en la zona.

 

Y cuando la producción supera la demanda, una parte termina destinada a los animales.

 

Es una economía pequeña, familiar y ligada directamente a la tierra.

 

A pocos kilómetros, además, las colmenas empiezan a multiplicarse entre el monte y las cercanías del río. La apicultura aparece como otra de las actividades con enorme potencial.

 

La miel orgánica, el monte nativo y el trabajo de los productores jóvenes forman parte de ese nuevo mapa productivo que lentamente comienza a tomar forma.

 

UNA ESCUELA, UN RECUERDO Y UN TERRITORIO QUE CAMBIA

 

En la zona también quedan las huellas de una historia que se va transformando.

 

Hubo escuelas que alguna vez estuvieron llenas de chicos y que hoy ya no funcionan porque muchas familias se fueron y otras dejaron de tener niños pequeños.

 

Una de esas escuelas permanece bajo el cuidado de un sereno, esperando una decisión sobre su futuro.

 

La escena habla de un fenómeno más profundo: vivir en el Impenetrable también significa enfrentar el desafío de sostener comunidades donde todo está lejos y donde cada servicio tiene un valor especial.

 

La electricidad, por ejemplo, todavía no llega a todos los rincones.

 

Mientras algunos sectores cuentan con nuevas líneas y postes de cemento, otros esperan que algún día el tendido pueda continuar avanzando.

 

CUANDO UNA PISTA DE ATERRIZAJE ACORTA 300 KILÓMETROS

 

En este territorio, una obra puede cambiar mucho más que un paisaje.

 

La construcción de una pista de aterrizaje pavimentada en Misión Nueva Pompeya aparece como una alternativa para situaciones sanitarias de urgencia.

 

Para quienes viven en El Sauzalito, llegar hasta Pompeya representa recorrer alrededor de 80 o 90 kilómetros, una diferencia enorme frente a los casi 300 kilómetros que los separan del asfalto y de los principales centros urbanos.

 

No se trata solamente de comodidad.

 

Es tiempo.

 

Y en una emergencia, el tiempo puede significarlo todo.

 

EL IMPENETRABLE QUE TODAVÍA ESPERA

 

Luis Miguel Gianetti habla del futuro sin esconder las dificultades.

 

Sabe que falta mucho.

 

Faltan caminos, servicios, infraestructura y mejores condiciones de vida para quienes eligieron quedarse.

 

Pero también sabe que hay algo que ya existe: una comunidad que produce, que trabaja, que recibe visitantes y que aprendió a convivir con un territorio exigente.

 

Desde La Invernada, el Bermejo continúa su recorrido entre Chaco y Formosa.

 

A un lado, los productores.

 

Al otro, una reserva donde los guardaparques recorren el monte y vigilan la fauna.

 

Más allá, los caminos de tierra, las colmenas, las pequeñas chacras y las familias que siguen apostando por vivir allí.

 

El Impenetrable tiene todavía muchas historias escondidas.

 

Algunas están en sus caminos.

 

Otras, en sus escuelas.

 

Otras, en el río.

 

Y muchas, como la de Luis Miguel Gianetti, están en esas personas que llegaron alguna vez pensando que solamente pasarían un tiempo… y terminaron descubriendo que el monte también puede convertirse en casa.

Autor:

Fuente: cadena los Ángeles