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Con 25 años de experiencia, encontró en la confección no solo una salida laboral, sino también una vocación que la llena de orgullo cada vez que una clienta recibe una prenda hecha con sus manos.

 

Hay oficios que se aprenden con el tiempo, pero que comienzan mucho antes de tomar una aguja y un hilo por primera vez. En el caso de Patricia Frank, la costura llegó a su vida durante la infancia, casi como un juego, observando a su madre confeccionar la ropa para toda la familia. Aquellas primeras experiencias, creando pequeñas prendas para sus muñecas, fueron el inicio de un camino que con los años se transformaría en su profesión.

 

Este 14 de octubre, en el marco del Día de la Costurera, Patricia representa a tantas mujeres que, con creatividad, paciencia y dedicación, hacen de la costura mucho más que un trabajo: una verdadera pasión.

 

UNA INFANCIA ENTRE TELAS E HILOS

 

Patricia lleva aproximadamente 25 años dedicándose a la costura. Sin embargo, su vínculo con este oficio nació mucho antes de comenzar a trabajar de manera profesional.

 

“Yo me crié en ese ámbito porque mi mamá, si bien no trabajaba de costurera, hacía toda la ropa de la familia. Entonces, yo estuve siempre a la par de ella”, recordó.

 

De aquella cercanía surgieron sus primeras creaciones. Mientras observaba a su madre, Patricia comenzó a confeccionar ropitas para sus muñecas, descubriendo de a poco el mundo de las telas, los cortes y las puntadas.

 

Alrededor de los 20 años realizó un curso de costura que le permitió fortalecer sus conocimientos. Luego continuó confeccionando prendas para su familia, sus hijas y para ella misma, hasta que comprendió que aquello que tanto disfrutaba también podía convertirse en su fuente de trabajo.

 

“Llegó un momento en que dije: tengo que trabajar de esto, porque es lo que a mí me gusta. Y así comencé”, contó.

 

 LAS PRIMERAS POLLERAS Y EL COMIENZO DE UN CAMINO

 

Todo oficio tiene un primer desafío, una oportunidad que marca el comienzo de una historia. Para Patricia, ese momento llegó con un pedido sencillo, pero significativo: confeccionar polleras para el colegio.

 

“Me pidieron y me dijeron: ‘¿No te animás a hacerme las polleritas para el colegio?’. Y sí, dije: ‘Bueno, voy a probar’. Y de ahí arranqué”, relató.

 

Aquella primera experiencia fue el punto de partida de un recorrido que lleva un cuarto de siglo, construido con práctica, aprendizaje y el compromiso de responder a las necesidades de quienes confían en su trabajo.

 

Con el paso del tiempo, también aprendió a reconocer sus propios límites. Frente a un pedido demasiado complejo, Patricia analiza las posibilidades antes de aceptar el desafío. Si considera que no podrá realizarlo como corresponde, prefiere explicárselo con sinceridad a la clienta.

 

Porque en la costura, además de habilidad y creatividad, también son importantes la responsabilidad y el compromiso con el resultado final.

 

 EL ORGULLO DE ENTREGAR UNA PRENDA TERMINADA

 

Detrás de cada prenda confeccionada hay horas de trabajo, atención a los detalles y decisiones que muchas veces pasan inadvertidas para quien finalmente la viste. Para Patricia, la mayor satisfacción llega cuando ese esfuerzo se transforma en la felicidad de una clienta.

 

¿Qué siente cuando una persona recibe una prenda hecha por ella y queda conforme con el resultado? Su respuesta fue tan breve como contundente: “Un orgullo. Me siento, pero súper, súper bien”.

 

En esas palabras se resume buena parte de su relación con el oficio. No se trata solamente de cumplir con un encargo, sino de saber que el trabajo realizado con sus manos logró satisfacer las expectativas de otra persona.

 

Por eso, cuando le preguntan si hoy cose más por necesidad laboral o por amor a la profesión, Patricia no duda: “Las dos cosas, por trabajo y pasión, porque me gusta”.

 

UN SALUDO PARA TODAS LAS COSTURERAS

 

En una fecha dedicada a reconocer a quienes ejercen este oficio, Patricia también tuvo palabras para sus colegas, mujeres que día a día trabajan con telas, máquinas, agujas e hilos, dando forma a ideas y prendas que acompañan la vida cotidiana de tantas personas.

 

“Feliz día para todas las costureras, confeccionistas, que la pasen de diez y que tengan un buen día”, expresó al comenzar la entrevista.

 

Y, al despedirse, dejó un mensaje sencillo, cargado de compañerismo y esperanza: “Que la pasen lindo hoy y que sigan para adelante”.

 

En el Día de la Costurera, la historia de Patricia Frank permite mirar más allá de una máquina de coser y descubrir todo lo que existe detrás de cada puntada: una infancia marcada por el ejemplo familiar, el aprendizaje, el esfuerzo de construir un oficio y la satisfacción de trabajar en aquello que se ama.

 

Porque hay personas que encuentran su vocación siguiendo los pasos de quienes las inspiraron. Y otras que, con paciencia y dedicación, convierten ese primer aprendizaje en una forma de vida.

 

Patricia Frank es una de ellas: una costurera de alma, que encontró entre telas e hilos una pasión que, después de 25 años, sigue acompañando cada una de sus creaciones.

 

Entrevista realizada por el programa Fuera de Guión- de Lunes a Viernes de 16hs a 18hs por Cadena Los Ángeles. Con Mailen Argañaraz y Romelia Nuñez. Contacto : 3644- 114286.

Autor:

Fuente: cadena los Ángeles