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Cada 31 de octubre, las calles de distintas ciudades argentinas muestran postales que hace pocas décadas pertenecían exclusivamente a las pantallas de cine: niños con capas y caretas pidiendo golosinas, vidrieras teñidas de naranja y negro, y boliches con entradas agotadas para fiestas de disfraces. 

Lo que comenzó como una curiosidad importada se consolidó como una fecha fija en el calendario comercial y recreativo del país, reabriendo cada año la discusión entre la adopción festiva y la resistencia cultural.

 

EL VERDADERO ORIGEN: EL AÑO NUEVO CELTA

Lejos de haber nacido en los centros comerciales estadounidenses, Halloween tiene una historia de más de dos mil años ligada al Samhain, una festividad de origen celta que se celebraba en regiones de las actuales Irlanda, Escocia y Gran Bretaña.

 

Samhain marcaba el fin de la temporada de cosechas y el inicio del invierno, considerado el "año nuevo celta". Para este pueblo, durante esa noche el velo entre el mundo de los vivos y el de los muertos se volvía permeable, permitiendo que los espíritus regresaran a la Tierra. Con el fin de ahuyentar a las entidades malignas y pasar desapercibidos, la gente encendía hogueras y se cubría con máscaras y pieles de animales.

 

Con la posterior cristianización de Europa, la Iglesia designó el 1 de noviembre como el Día de Todos los Santos (All Hallows' Day). La víspera se transformó en All Hallows' Eve, expresión que derivó fonéticamente en el actual Halloween. A mediados del siglo XIX, la gran ola migratoria irlandesa llevó la tradición a los Estados Unidos, donde mutó en un acontecimiento comunitario y comercial.

 

EL DESEMBARCO EN LA ARGENTINA: DE LA TELEVISIÓN A LOS BARRIOS

En la Argentina, la penetración de Halloween comenzó a fines de los años 80 y durante los 90, impulsada por las producciones de Hollywood, las series de televisión y la enseñanza en institutos privados de lengua inglesa.

 

Sin embargo, en la última década el fenómeno experimentó un salto cualitativo. Dejó de ser exclusivo de countries o barrios cerrados. En zonas residenciales y edificios de centros urbanos como Buenos Aires, Córdoba, Rosario y Mendoza, los vecinos organizan cadenas de timbres y recorridas con consignas consensuadas para el tradicional "dulce o truco".

 

Se transformó en una de las semanas más rentables del año para bares, discotecas y productoras de eventos, que organizan masivas fiestas temáticas con concursos de disfraces.

Además, cotillones, librerías, pastelerías y supermercados dedican pasillos enteros al festejo durante todo octubre. Para muchos comercios de indumentaria y accesorios teatrales, representa la temporada de mayor facturación antes de Navidad.

 

¿APROPIACIÓN CULTURAL O SIMPLE ENTRETENIMIENTO?

La consolidación de la fecha no está exenta de controversia. Los sectores más críticos argumentan que se trata de una imposición del marketing global que desplaza tradiciones propias, contraponiéndola al Día de los Fieles Difuntos (2 de noviembre), con fuerte arraigo en el noroeste argentino, o a celebraciones de corte folclórico como el Día de la Tradición (10 de noviembre).

 

Asimismo, desde algunas comunidades religiosas suelen señalar el carácter pagano o superficial del festejo.

Por el contrario, sociólogos y antropólogos contemporáneos señalan que las sociedades rara vez reciben costumbres de manera pasiva. En Argentina, Halloween funciona como un ritual urbano secular: una excusa lúdica para reunirse, disfrazarse y romper la rutina cotidiana, resignificada según el humor, la creatividad y los códigos locales.

 

Lejos de diluirse, la festividad demuestra año a año que las fronteras culturales son porosas y que, cuando una celebración ofrece juego y encuentro colectivo, la adopción popular termina imponiéndose sobre las discusiones teóricas.

Autor: admin