DESPUÉS DE TODA UNA VIDA EN EL CAMPO, LUIS CORBALÁN LOGRÓ LA ADJUDICACIÓN DE SU TIERRA EN EL IMPENETRABLE
Desde el paraje San Antonio, a 25 kilómetros de El Sauzalito, Luis Corbalán llegó para recibir la documentación que representa mucho más que un papel: el reconocimiento a una historia familiar ligada a la tierra, al trabajo rural y a la producción.
Entre cabras, cerdos, cultivos y la lucha cotidiana por el agua, este pequeño productor chaqueño encontró un motivo para celebrar y seguir apostando al campo.
Hay alegrías que no necesitan demasiadas palabras. Se ven en los rostros, se sienten en los abrazos y se escuchan en la voz de quienes, después de esperar durante años, finalmente reciben aquello por lo que tanto trabajaron.
En El Sauzalito, en pleno corazón del Impenetrable chaqueño, Luis Corbalán vivió uno de esos momentos. Llegó desde el paraje San Antonio, ubicado a unos 25 kilómetros de la localidad, para recibir la adjudicación en venta de su parcela. Allí, donde la vida transcurre al ritmo del monte y el trabajo comienza mucho antes de que el sol apriete, este pequeño productor encontró una razón para sentirse feliz.
—¿Qué alegría, no? —le preguntamos.
Y su respuesta fue tan sencilla como profunda:
“Sí, es una alegría después de tanto tiempo”.
Detrás de esas palabras hay una historia que comenzó mucho antes de este día. Una historia familiar que atraviesa generaciones y que tiene como escenario los campos del norte chaqueño.
“Mi papá y mi abuelo son nacidos y criados acá en la zona”, contó Luis, orgulloso de sus raíces. Él también eligió quedarse, trabajar la tierra y sostener una actividad que requiere sacrificio, paciencia y una enorme capacidad para sobreponerse a las dificultades.
UNA VIDA LIGADA A LA TIERRA
En el campo de los Corbalán hay un poco de todo. La ganadería, la cría de cabras y cerdos y también la agricultura forman parte de una economía familiar construida con esfuerzo.
No se trata solamente de producir. Se trata de sostener una forma de vida, de cuidar los animales, de aprovechar cada recurso disponible y de encontrar alternativas para que el trabajo se traduzca en ingresos para la familia.
Por eso, la adjudicación de su parcela tiene un significado especial. Para Luis, representa un paso importante en la relación con esa tierra que trabaja y que forma parte de su historia.
“Yo tengo un pedazo de tierra también ahí. Hoy lo pude lograr, pude adjudicar mi parcela y por eso estoy muy feliz, muy contento”, expresó.
En una región donde muchas familias llevan décadas trabajando sin tener resuelta definitivamente su situación dominial, contar con una adjudicación en venta representa una oportunidad para mirar hacia adelante con mayor tranquilidad.
Es la posibilidad de seguir invirtiendo en el campo, mejorar la producción y proyectar el futuro con una mayor seguridad sobre el lugar donde se vive y se trabaja.
CUANDO EL AGUA TAMBIÉN ES PARTE DE LA LUCHA
Pero vivir y producir en el Impenetrable significa aprender a convivir con un territorio que ofrece oportunidades y, al mismo tiempo, impone desafíos permanentes.
En el establecimiento de Luis, la distancia del río obliga a buscar alternativas para garantizar el agua, un recurso indispensable para la familia, los animales y las actividades productivas.
Lejos de contar con una provisión sencilla, debieron construir infraestructura a lo largo de los años para enfrentar los períodos de escasez.
“Contamos con cuatro represas y después tenemos perforaciones de 20 metros”, explicó.
También señaló que realizan perforaciones de distintas profundidades, de entre 12 y 20 metros, y utilizan bombas sumergibles para extraer el agua.
“Con eso nos mantenemos en el tiempo que no hay agua”, resumió.
En estas tierras, cada represa tiene un valor que va mucho más allá de su tamaño. Es una reserva para los animales, una previsión para los meses difíciles y una herramienta que permite sostener la producción cuando las lluvias escasean.
El agua, los caminos y las distancias son parte de la realidad cotidiana de los pequeños productores. Una realidad que pocas veces aparece en los números, pero que se hace evidente cuando uno recorre el monte y escucha a quienes viven y trabajan allí.
LAS CABRAS, UNA FUENTE DE TRABAJO Y ESPERANZA
Entre las actividades de la familia Corbalán, la cría caprina ocupa un lugar importante. Sin embargo, durante años, comercializar los animales fue una de las principales dificultades.
Luis recordó que antes tenían muchas cabras, pero la falta de alternativas para vender los animales de descarte complicaba la continuidad de la actividad.
“Antes teníamos muchas cabras y no se podía vender. Siempre se terminaba regalando por una u otra cosa”, relató.
La situación obligaba a los productores a buscar compradores en un mercado local reducido, donde numerosas familias se dedican a la misma actividad. En esas condiciones, criar animales no siempre significaba tener garantizada su comercialización.
Por eso, la reactivación de las operaciones del PROGANO y la compra de cabras de descarte representan una oportunidad para generar ingresos y reinvertir en los establecimientos.
“Hoy en día es muy importante, porque todos los meses se están vendiendo acá al PROGANO cabras de descarte y eso nos ayuda a tener otra entrada de dinero en el campo”, destacó.
Y explicó qué significa esa posibilidad para el futuro de la producción familiar:
“Con eso estamos pudiendo comprar, mejorar las crías, mejorar los reproductores”.
La venta de los animales que ya cumplieron su ciclo productivo permite obtener recursos para continuar trabajando, incorporar mejores reproductores y avanzar en la calidad genética del rodeo.
Detrás de cada operación comercial hay familias que pueden volver a planificar, productores que encuentran una salida para sus animales y establecimientos que buscan crecer a partir de su propio trabajo.
EL IMPENETRABLE QUE PRODUCE Y QUIERE SEGUIR CRECIENDO
En el norte profundo del Chaco, la producción tiene una dimensión que va más allá de la economía. Es también identidad, arraigo y pertenencia.
Los pequeños productores conocen cada rincón de sus campos, saben dónde falta agua, cuándo es necesario mejorar las instalaciones y cuánto esfuerzo demanda mantener los animales. Son hombres y mujeres que construyen su futuro en una región donde las distancias, el clima y las dificultades de infraestructura forman parte de la vida diaria.
Luis Corbalán es uno de ellos. Su historia familiar está ligada al territorio y su presente continúa escribiéndose entre los animales, los cultivos y el trabajo de todos los días.
La adjudicación de su parcela se convirtió en una señal de esperanza y en un reconocimiento a ese camino recorrido.
Durante la jornada en El Sauzalito, también valoró la presencia de las autoridades provinciales y el acompañamiento a los productores de la zona.
“De nuevo le doy las gracias a ustedes por estar presentes y al gobernador por estar hoy aquí y compartir con todos nosotros”, expresó al finalizar la entrevista.
Su agradecimiento fue el cierre de una conversación sencilla, pero cargada de significado. Porque para quien trabaja la tierra, recibir una documentación que reconoce su derecho a permanecer y producir en ella no es un trámite más: es la posibilidad de seguir construyendo su historia.
UNA PARCELA, UNA HISTORIA Y UN FUTURO POR DELANTE
En el paraje San Antonio, a unos 25 kilómetros de El Sauzalito, la vida continuará con sus rutinas. Habrá que revisar las represas, controlar los animales, atender los cultivos y encontrar soluciones para los desafíos que trae cada temporada.
El trabajo no se detiene. Tampoco desaparecen las dificultades que enfrenta el pequeño productor del Impenetrable.
Pero para Luis Corbalán, esta jornada quedará guardada en la memoria como el día en que pudo recibir la adjudicación de su parcela.
Una tierra que su familia conoce desde hace generaciones. Un lugar donde aprendió el valor del esfuerzo y donde decidió continuar produciendo.
Porque en el Chaco profundo, donde el monte marca los caminos y el agua vale tanto como el trabajo, hay conquistas que se miden de otra manera.
Para Luis, después de tanto tiempo, la felicidad tiene nombre propio: su parcela, su familia y la posibilidad de seguir apostando al campo.
Y mientras haya productores dispuestos a quedarse, trabajar y criar sus animales, el Impenetrable seguirá contando historias de esfuerzo, arraigo y esperanza.

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