EL IMPENETRABLE, ENTRE LA NATURALEZA, EL TURISMO Y EL DESAFÍO DE CUIDAR LO QUE TENEMOS
Por Romildo Lavia Rachz- Parque Nacional El Impenetrable — 6 de octubre de 2026
Hay lugares donde uno no solamente va a hacer periodismo. Hay lugares donde uno se encuentra con la naturaleza, con la historia y, de alguna manera, también con uno mismo.
Hoy estamos en el camping La Fidelidad, en el corazón del Parque Nacional El Impenetrable, un territorio de más de 128 mil hectáreas de monte nativo continuo que, lentamente, comienza a ser conocido y valorado como uno de los grandes destinos naturales de la Argentina.
Hasta aquí llegan turistas de distintos puntos del país y también visitantes de Europa y de otros lugares de América. Muchos buscan destinos diferentes, experiencias auténticas y territorios donde todavía sea posible encontrarse con una naturaleza que conserva buena parte de su esencia.
Y allí aparece una cuestión que, desde mi punto de vista, merece una reflexión.
El río Bermejo marca el límite entre Chaco y Formosa. Desde este lugar, frente al puerto San Jorge, se puede observar una realidad que debería llevarnos a pensar en una estrategia común de conservación.
De un lado del río está el Parque Nacional El Impenetrable, con todo lo que significa un área protegida. Del otro lado, en territorio formoseño, también existe una enorme riqueza natural vinculada al Bañado de la Estrella y a otros ambientes de extraordinario valor.
Pero la naturaleza no entiende de límites administrativos.
El río no sabe dónde termina Chaco y dónde comienza Formosa. La fauna tampoco. Por eso considero que tenemos un enorme desafío por delante: chaqueños y formoseños deberíamos trabajar juntos para que este gran corredor natural sea verdaderamente un espacio de conservación, turismo sustentable y desarrollo para nuestras comunidades.
Porque preservar no significa dejar de producir.
Preservar también significa generar oportunidades.
En El Impenetrable hay vecinos que cocinan, que reciben turistas, que ofrecen alojamiento, que trabajan como guías, que producen artesanías y que encuentran en el turismo una posibilidad concreta de desarrollo.
Hay mujeres y hombres que mantienen conocimientos que vienen de generaciones. Está el trabajo de nuestras artesanas, los hilados de lana de oveja, los grandes telares, las técnicas aprendidas en lugares como Pozo La Gringa y los telares de Doña Figueroa.
Está también el productor que convive con la fauna silvestre y con la producción ganadera. Y allí aparece otro aprendizaje fundamental: es posible producir y convivir con el monte.
Durante mucho tiempo se instaló la idea de que conservación y producción eran conceptos enfrentados. La realidad demuestra que no necesariamente tiene que ser así.
Hace falta conciencia, capacitación, acompañamiento y, sobre todo, diálogo con quienes viven en el territorio.
En ese camino también hay organizaciones, fundaciones, gobiernos y municipios que vienen trabajando para construir puentes entre la conservación ambiental y el desarrollo económico.
Y hay un símbolo que resume buena parte de este proceso: el yaguareté.
La recuperación de esta especie en El Impenetrable representa mucho más que la presencia de un animal emblemático. Representa la recuperación de un ecosistema.
Desde 2019 se desarrolla un proceso de reintroducción y conservación que ya permite hablar de ejemplares que volvieron a ocupar su hábitat natural y, en algunos casos, comenzaron a reproducirse.
Los monitoreos mediante collares satelitales y las cámaras trampa permiten conocer la presencia de ejemplares que quizás hasta hace algunos años no estaban registrados.
Que aparezca un yaguareté donde antes no lo había es una señal. Es la naturaleza diciéndonos que todavía hay una oportunidad.
Y esa oportunidad tenemos que cuidarla.
El gran desafío es lograr que ese patrimonio natural también genere trabajo y mejores condiciones de vida para quienes habitan el territorio.
El turismo puede ser una herramienta extraordinaria para lograrlo.
Hoy existen nuevos alojamientos, campings, espacios de recreación, propuestas gastronómicas, circuitos de naturaleza y emprendimientos que empiezan a mostrar otra cara del Impenetrable.
Y no se trata solamente de venir a observar un paisaje.
Se trata de conocer a su gente.
De sentarse a comer unas empanadas picadas a cuchillo, probar un cabrito, una chanfaina, una tortilla o una torta a la parrilla.
De conocer los productos elaborados con harina de algarroba, los alfajores, los panes y los budines que nacen del conocimiento y del trabajo de nuestras cocineras.
Eso también es turismo.
Eso también es identidad.
Eso también es economía.
El Impenetrable forma parte de un circuito turístico que puede conectar Iguazú, Iberá, El Impenetrable y el Bañado de la Estrella, integrando a Misiones, Corrientes, Chaco y Formosa en una propuesta que tiene una enorme diversidad de paisajes, culturas y experiencias.
No digo que sea mejor que otros destinos.
Digo que es distinto.
Y justamente en esa diferencia está su valor.
El monte chaqueño, el río Bermejo, el río Bermejito, la fauna, las aves, los árboles, las comunidades, las artesanas, los productores y los emprendedores conforman una identidad que no se puede copiar.
Por eso también debemos cuidar aquello que estamos empezando a mostrarle al mundo.
Porque cuando el turismo crece, también crece la responsabilidad.
Hay que evitar que el desarrollo termine destruyendo aquello mismo que venimos a mostrar.
El turismo debe ser sustentable. La conservación debe estar en el centro. Y las comunidades locales tienen que ser protagonistas.
Hoy, desde el camping La Fidelidad, con el río Bermejo como testigo, uno puede mirar alrededor y entender que El Impenetrable tiene futuro.
Tiene naturaleza.
Tiene fauna.
Tiene cultura.
Tiene gastronomía.
Tiene emprendedores.
Tiene gente que conoce el monte.
Y tiene una historia que todavía estamos aprendiendo a contar.
El yaguareté vuelve a caminar por estos territorios. Las cámaras trampa registran vida. Los visitantes empiezan a llegar. Los emprendedores generan nuevas propuestas.
Todo eso nos dice que algo está cambiando.
Y quizás el gran desafío de nuestra generación sea lograr que ese cambio no transforme al Impenetrable en algo que deje de ser Impenetrable.
Que podamos desarrollar sin destruir.
Producir sin arrasar.
Visitar sin dañar.
Y conservar para que nuestros hijos y nuestros nietos también puedan venir algún día hasta este mismo río, mirar hacia el monte y encontrarse con la naturaleza que hoy todavía tenemos la suerte de disfrutar.
Qué lindo está nuestro Chaco. Qué lindo está nuestro Impenetrable.
Están todos invitados a conocerlo.
Pero, sobre todo, están todos invitados a cuidarlo.
Romildo Lavia Rachz
Periodista — Desde el territorio chaqueño.
fm los angeles
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