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JUAN JOSÉ CASTELLI – CHACO. A 90 años del nacimiento de Juan José Castelli, la historia de la ciudad también puede contarse desde las historias personales de quienes crecieron en esta tierra y fueron construyendo su identidad junto con la comunidad.

 

Una de esas historias es la de Juan José Schmidt, quien nació el 11 de octubre de 1967 en Castelli y pasó su infancia en la colonia Juan José Castelli, considerada la colonia madre de la localidad.

 

Durante más de 20 años, Schmidt se dedicó a recopilar documentos, testimonios y relatos para investigar y dar a conocer la historia de su pueblo. Hasta ahora, había elegido hacerlo dejando de lado los nombres y referencias de su propia familia para preservar una mirada que consideraba imparcial.

 

Hoy decidió contar también su propia historia.

 

UN NOMBRE NACIDO DEL HOMENAJE

 

El nombre Juan José tiene, precisamente, una estrecha relación con la historia familiar y con la propia tierra donde nació.

 

Su madrina, Rosita Lambrecht, era maestra de la escuela rural ubicada a menos de un kilómetro de la vivienda familiar, institución que actualmente es conocida como Los Inmigrantes.

 

Amiga de sus padres, Rosita fue quien propuso el nombre que llevaría toda su vida.

 

“¿Cómo se llaman los abuelos?”, preguntó alguna vez a sus padres.

 

La respuesta fue: “Uno Juan y el otro José”.

 

Rosita, que debía trasladarse a Córdoba por razones laborales, quiso dejar un legado en el pueblo al que tanto quería. Así surgió la propuesta de llamarlo Juan José, en homenaje a sus abuelos y a esta tierra.

 

Una decisión aparentemente sencilla terminó marcando una vida atravesada por el sentido de pertenencia.

 

Rosita falleció hace un año, pero alcanzó a ver cómo aquella semilla que había sembrado décadas atrás se transformaba en una verdadera vocación por la historia y las raíces de Castelli.

 

LA ESCUELA RURAL Y LOS PRIMEROS AÑOS

 

En aquella pequeña escuela rural, Juan José aprendió sus primeras letras y cursó sus estudios hasta completar séptimo grado, llegando a ser abanderado.

 

Pero gran parte de sus aprendizajes también estuvieron vinculados a la vida cotidiana de la colonia y al esfuerzo de sus padres y abuelos.

 

Sus abuelos habían llegado desde La Pampa para trabajar la tierra. En junio de 1931 comenzaron a producir y a cosechar algodón, una actividad que durante décadas marcó la vida económica y social de numerosas familias de la región.

 

Sus padres también llegaron siendo pequeños y eligieron hacer de esa tierra su hogar, pensando en sus hijos, sus nietos y las generaciones futuras.

 

La vida familiar transcurría entre la chacra, el trabajo y la producción.

 

Mientras su padre y sus hermanos trabajaban en la siembra y cosecha del algodón, su madre y sus hermanas se ocupaban del ordeñe y de la elaboración de pan casero, tortas dulces y otros alimentos.

 

“No había dinero, pero todo se producía en la chacra”, recuerda Schmidt al reconstruir aquellos años.

 

Ese modo de vida, basado en el trabajo cotidiano, el sacrificio y la producción familiar, quedó como uno de los principales legados de sus padres.

 

LOS RELATOS DE LA COLONIA QUE SE CONVIRTIERON EN HISTORIA

 

Las largas noches de la colonia fueron también una fuente de conocimiento.

 

Los relatos de padres y abuelos, transmitidos alrededor de la mesa y bajo la luz de la luna, fueron construyendo en Juan José una memoria que muchos años después se convertiría en una tarea de investigación.

 

A esos testimonios se sumaron, durante más de dos décadas, documentos y diferentes fuentes que fue recopilando para reconstruir la historia de Castelli.

 

Desde esa experiencia sostiene que las chacras fueron verdaderos puntos de encuentro entre diferentes culturas.

 

Durante las épocas de cosecha del algodón, niños criollos y de los pueblos originarios compartían juegos y espacios de convivencia.

 

Schmidt sostiene que, desde su experiencia personal, no vivió situaciones de discriminación ni marginación y considera fundamental recuperar los testimonios de quienes fueron protagonistas de aquella época para comprender la historia desde diferentes perspectivas.

 

UNA VIDA MARCADA POR EL TRABAJO Y LA SUPERACIÓN

 

A lo largo de su vida, también debió atravesar otros desafíos.

 

Desde hace 38 años convive con una discapacidad. Sin embargo, afirma que nunca la consideró un impedimento para desarrollarse, trabajar, formar una familia y salir adelante.

 

Su mirada está puesta en las capacidades y no en las limitaciones.

 

En ese sentido, considera que la autodiscriminación puede convertirse en una barrera que impide reconocer las propias posibilidades y encontrar caminos para avanzar.

 

También recuerda sus primeros pasos vinculados al CAIDIN, institución a la que se acercó al advertir una necesidad y decidió aportar desde sus posibilidades, convencido de que era posible contribuir a modificar esa realidad.

 

HACIA LOS 100 AÑOS DE CASTELLI

 

Con Castelli camino a su centenario, Juan José Schmidt plantea ahora un nuevo desafío: que la historia de la ciudad pueda quedar documentada y transmitida a las próximas generaciones.

 

Su objetivo es construir una línea de tiempo con rigor histórico que permita reconocer a quienes fueron protagonistas del desarrollo de la comunidad.

 

Hombres y mujeres que, sin grandes reconocimientos, trabajaron durante décadas y dejaron su esfuerzo en esta tierra.

 

“Próceres sin bronce”, como los define, personas que con su trabajo silencioso contribuyeron a construir la identidad de Castelli.

 

Para Schmidt, la identidad cultural es aquello que une a una comunidad, la identifica y genera un profundo sentido de pertenencia.

 

“Somos castellenses, herederos de una historia que merece ser conocida, respetada y transmitida a las futuras generaciones”, sostiene.

 

UNA HISTORIA PERSONAL QUE TAMBIÉN ES PARTE DE LA HISTORIA DE CASTELLI

 

A casi 60 años de vida, Juan José Schmidt puede afirmar que ha transitado más de la mitad de los 90 años de historia de Castelli.

 

Su propia vida se encuentra entrelazada con la historia de la colonia, con sus abuelos llegados desde La Pampa, con sus padres y el trabajo de la chacra, con aquella escuela rural donde aprendió sus primeras letras y con los relatos que escuchó durante las noches de su infancia.

 

También con la semilla que sembró Rosita Lambrecht al elegir su nombre.

 

Una semilla que creció entre los surcos de algodón de la colonia y que, décadas después, continúa dando frutos a través de una pasión: conocer, preservar y compartir las raíces de Juan José Castelli.

Autor:

Fuente: cadena los Ángeles