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El glaciar Perito Moreno se alejó 910 metros de la costa en apenas 100 días, entre el 24 de febrero y el 4 de junio de 2026. Según el monitoreo, es el mayor retroceso documentado en su frente y supera los 750 metros que había relevado en 1899 el geólogo alemán Rudolf Hauthal.

Las mediciones están a cargo de Glaciarium y la Intendencia del Parque Nacional Los Glaciares, que desde mayo de 2025 realizan vuelos periódicos con un vehículo aéreo no tripulado. Las imágenes permitieron seguir los cambios durante el verano 2025-2026 y el otoño posterior, un período en el que el glaciar perdió 1,46 km² de superficie: 0,81 km² en verano y 0,65 km² en otoño. Esa pérdida equivale a 204 canchas de fútbol profesional, calculadas sobre una superficie estándar de 7.140 m².

 

De acuerdo con el informe de Glaciarium, esos meses explican el 44% de toda la superficie perdida desde 2018, que suma el equivalente a 458 canchas. El proceso también se ve desde la costa: en los últimos meses grandes bloques de hielo flotaron en el Canal de los Témpanos, una señal de los desprendimientos y de la transformación del frente.

 

Hasta hace pocos años, el Perito Moreno era una excepción en la Patagonia. Mientras otros glaciares de la región retrocedían, el suyo mantenía un equilibrio relativo: lo que perdía en primavera y verano tendía a recuperarlo en otoño e invierno. Entre 1999 y 2013, la posición de su frente varió menos de 50 metros. Ese comportamiento empezó a cambiar en 2018, con mayor pérdida de superficie, adelgazamiento del hielo, más velocidad de flujo y retroceso de sus dos frentes, hacia el Canal de los Témpanos y el Brazo Rico del lago Argentino.

 

Un estudio sobre el estado del glaciar detectó que la tasa de descenso de la superficie frontal pasó de 0,34 metros anuales entre 2000 y 2019 a hasta 5,5 metros por año entre 2019 y 2024. La investigación combinó radar de penetración terrestre transportado en helicóptero, batimetrías y series satelitales de elevación y velocidad. El adelgazamiento fue más intenso en las zonas bajas y cercanas al frente, donde el hielo está en contacto con el agua del lago. También se registró una aceleración del movimiento del hielo cerca de la terminación, que el estudio asocia a la pérdida de presión sobre el lecho, al retroceso hacia sectores más profundos y a una menor contención en el frente. Los puntos más alejados no mostraron esa aceleración, lo que indica que el ajuste dinámico comenzó en el frente y avanza gradualmente aguas arriba.

 

Durante décadas, la estabilidad del glaciar tuvo un sostén natural. En el frente existe una cresta subglacial que prolonga la península Magallanes y divide el flujo hacia el Canal de los Témpanos y el Brazo Rico. Esa elevación del lecho funciona como punto de anclaje y limita la retirada de la lengua glaciar. A eso se suma una morrena subacuática en el Canal de los Témpanos, que forma un umbral de entre 100 y 120 metros sobre el fondo general del lago y mantiene confinada el agua más fría y turbia cerca del frente, lo que reduce el deshielo en profundidad. Las mediciones del 19 de marzo de 2026 en las zonas liberadas por el hielo marcaron profundidades de 110 a 180 metros en el Canal de los Témpanos y de 70 a 100 metros en el Brazo Rico.

 

Con esos datos, los investigadores elaboraron un modelo conceptual para analizar qué podría ocurrir si persisten las tasas de descenso observadas entre 2019 y 2023. El trabajo no fija fechas ni pronostica una trayectoria inevitable, pero identifica condiciones que favorecerían una retirada más amplia. Primero, el frente se separaría de la cresta subglacial. Si el glaciar se retira hacia aguas más profundas, aumentaría la porción de hielo sumergida y expuesta al lago, con más desprendimientos y una aceleración del flujo. Según el modelo, el área frontal bajo el agua podría crecer cerca de un tercio en una primera fase y hasta 90,76% en una segunda sección del valle. Más adelante, una constricción del terreno podría ofrecer una estabilidad relativa, aunque el estudio no asegura que el glaciar alcance un nuevo equilibrio allí.

 

Los autores advierten que las proyecciones tienen límites. Parten de tasas recientes de adelgazamiento que no necesariamente se mantendrán constantes y no incorporan de manera completa la dinámica del flujo, las precipitaciones futuras, el aporte de nieve en las zonas altas ni los cambios de temperatura. También señalan que el verano 2022-2023 fue excepcionalmente cálido en Argentina, por lo que extrapolar ese comportamiento puede sobredimensionar el retroceso. Aun así, sostienen que el Perito Moreno atraviesa su mayor pérdida en alrededor de un siglo y que la continuidad del adelgazamiento puede volver más inestable su frente.

Autor: admin