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Con la llegada del 1 de octubre, en muchos hogares del Nordeste argentino se repite una costumbre heredada de generación en generación: preparar una comida abundante para recibir al Karaí Octubre. La profesora e historiadora Olga Soto habló con N9 sobre el origen y el sentido de esta creencia, que definió como "parte de nuestra cultura, de la cultura de todo el litoral".

Soto abrió la charla con un saludo en guaraní y explicó que el Karaí Octubre "viene de la mitología de la cultura guaraní". Según la tradición, se trata de un hombre que sale del monte y visita todas las casas. "Es un señor petizo, enano, que tiene un sombrero grande, que tiene la barba larga y mucha, que anda descalzo, que tiene la ropa rota y que tiene en la mano un rebenque largo", lo describió.

El personaje cumple una función de control. "Recorre todas las casas viendo, supervisando a ver si hay alimento", explicó Soto. El sentido de esa visita se vincula con el calendario: octubre era tradicionalmente el mes en que más se sentía la escasez, después del invierno y antes de las nuevas cosechas.

De lo que encuentre depende el destino de cada familia. Si la casa tiene alimento suficiente, el Karaí Octubre la premia "con la riqueza, con la abundancia". Si no encuentra nada, la considera una familia perezosa, que no trabajó ni guardó lo necesario para afrontar el mes y el resto del año. "Entonces lo castiga. Lo castiga con la pobreza, con la escasez, y por eso le tenemos miedo al Karaí Octubre", señaló.

Consultada sobre el origen de la creencia, la historiadora indicó que se remonta a la época de los jesuitas y que se mantuvo a lo largo del tiempo. "Es una tradición que hoy todavía tenemos presente y vamos cumpliendo. O sea, nuestra olla tiene que estar llena hoy", afirmó.

Soto también se refirió a la comparación que suele hacerse con el Pombero, otra figura de la mitología guaraní. "Es un duende enano que anda y que no se lo ve. Existe la creencia de saber que existe, pero no lo vemos. Por eso tenemos esa creencia de que sí o sí va a pasar por nuestra casa. No lo vemos, pero va a estar", explicó.

Más allá del temor, la leyenda deja una enseñanza: la importancia de cuidar y guardar los alimentos para que no falten más adelante. Soto agregó que la tradición tiene también un valor afectivo. "Es tradición, es memoria, es unión familiar, porque alrededor de la mesa nos junta a la familia", sostuvo.

La entrevistada, que habló desde San Luis del Palmar, su pueblo natal, contó cómo vive la fecha en su propio hogar: "Le dije a la gente de mi casa que tenemos que poner la olla en el fuego y llenarla con mucha comida". Antes de despedirse, envió saludos "para todo Chaco, todo Corrientes y todo el litoral".

Autor: admin

Fuente: noticiero9